viernes, 16 de enero de 2015

Opinión sobre el debate desarrollado en Twitter bajo la etiqueta #UnidosVsMagisterio

Estimados ciudadanos:

A lo largo de la mañana, mientras me ocupaba de mis obligaciones, pude comprobar que en la red social Twitter estaba siendo, como principal tendencia, el tópico " #UnidosVsMagisterio". Al parecer, viene originado por un comentario de un ingeniero cuyo mensaje implícito era una crítica hacia la diferencia que existe entre Magisterio (actualmente los Grados de Educación Primaria y Educación Infantil) y otras titulaciones con respecto a la dificultad de obtener dichas titulaciones. Bien, yo estudié la carrera de Magisterio también, y estoy en mi derecho a transmitir en mi blog mi punto de vista sobre los temas que se están debatiendo.

Como bien dicen algunos usuarios (me abstengo de decir sus nombres), la gente no critica la profesión del Maestro, sino la propia formación inicial de los futuros docentes. No tiene sentido cuando todos nosotros hemos ido a la escuela y fue allí donde aprendimos a leer, a escribir, a realizar cálculos, valores, cultura general, un poco de idiomas, etc. Sin esos conocimientos, no habríamos podido desenvolvernos en la vida cotidiana. Ni un ingeniero, ni un periodista, ni un basurero, ni un actor, etc., por nombrar algunas profesiones, todas ellas respetables porque realizan una función fundamental dentro de nuestra sociedad. Ahora, vamos a centrarnos en la carrera de Magisterio, ya que yo cuando la estudié todavía existía el antiguo plan de estudios que diferenciaba entre diplomaturas y licenciaturas.

Ciertamente, Magisterio es una carrera en la cual, si trabajas a diario y te implicas, trabajas junto a tus compañeros y te comprometes, puede aprobarse perfectamente y pasando "limpio" al siguiente curso. Yo tuve muchas asignaturas donde la evaluación era a partir de la realización de trabajos, tanto individuales como grupales. Eso sí, el trabajo era diario, continuaba estaba siempre realizando trabajos a diario y durante todo el fin de semana. Si no, pues estaba en clase, ya que teníamos clase por la mañana y por la tarde, dependiendo de las asignaturas optativas o de libre configuración que hubiéramos escogido. Luego teníamos exámenes sobre todo en la mayoría de las asignaturas troncales, pero cierto es que, a excepción de las materias de Psicología, su contenido no era complicado, y cierto es que se te quedaban muchas ideas gracias a la asistencia diaria a clase (era obligatoria para acceder al sistema de evaluación continua) y la realización de los trabajos, lo cual facilitaba mucho el estudio. Y además que en los temas de didáctica siempre hay ideas que se repiten y se pueden aprovechar ideas de otros materias para otras y, cómo no, tu experiencia como alumno. Como hemos sido todos estudiantes en el colegio, pues al final nos acordamos de algunas tareas que hacían con nosotros nuestros maestros y valoramos aquello que nos gustaba y aquello que no nos gustaba tanto. Y con respecto a los exámenes, es cierto que había exámenes donde podías usar todos los materiales que quisieras. Eran exámenes donde tenías que realizar una reflexión, un ensayo o resolver un supuesto práctico. Obviamente no era de "copiar y pegar", no tendría sentido ese examen.

En cuanto a las prácticas, lo importante es acudir a diario e implicarte, y luego ya tienes que realizar la Memoria a final de cada período de prácticas, pero aprobarla no resultaba complicado. Y en cuanto a las optativas, había de todo. Había optativas que parecían troncales, pero otras con asistir y realizar las tareas que se realizaban en la misma clase, bastaba para aprobar. Pero son optativas al fin y al cabo, y en toda clase podías sacar provecho de algo. Son metodologías y sistemas válidos de evaluación como otro cualquiera siempre que sirva para que el alumnado aprenda. Hay asignaturas, de muchas carreras, donde el sistema de evaluación consiste en memorizarse un tocho de apuntes que luego la gente olvida tras "vomitarlo" en el examen. ¿Qué has aprendido, si no te acuerdas de nada? Donde al final se aprende es en la práctica, ejerciendo tu profesión y llevando a la práctica lo aprendido. Al menos realizar un trabajo de reflexión o resolver un supuesto práctico resulta más provechoso que memorizarse un tocho para un examen.

¿Qué podríamos mejorar? Pues bien, admito que la enseñanza resultó incompleta. No quiere decir mala, solamente incompleta. Nos faltó analizar más situaciones de la vida educativa, realizar juntos más unidades didácticas, aprender a realizar una programación anual sin tener que apuntarnos a academias (con todos mis respetos para estas empresas), prácticas en escuelas con más tiempo de duración, trabajar más orientaciones para atender al alumnado con necesidades específicas de apoyo educativo (NEAE), introducir más contenidos relacionados con la evaluación, conocer el desarrollo de los diferentes proyectos y documentos de trabajo de un centro educativo, etc, y si acaso tener materias troncales de cultura general para repasar conceptos que se nos olvidan con el paso de los años (quedaron evidenciados en las pruebas de conocimiento de la Comunidad de Madrid, tanto en 2011 como en 2013, aunque cierto es que el sistema de evaluación era muy estricto, donde te tachaban toda la pregunta por cualquier tontería o si dejabas alguna parte sin responder). Podría pasar mucho tiempo escribiendo. Si queremos buenos docentes, primero hay que hacer las cosas bien desde la formación inicial. Por eso siempre he apoyado que debería existir un MIR educativo, donde el docente pueda pasar varios años en un período de prácticas donde aprenda junto a los más experimentados. Por ahora, alguien que obtiene plaza en una oposición, tiene una fase de prácticas de un año de duración pero, ¿y los interinos? Ellos no han tenido ningún proceso similar. Yo lo habría agradecido, porque cuando comencé a ejercer como docente, tuve unas dificultades que bien podría haberlas subsanado si hubiera tenido ese proceso formativo durante años como los tienen los médicos, al trabajar junto a personas con más experiencia. La personalidad y la actitud influyen, además de tener vocación. Yo tengo pasión por la educación, pero tengo fallos que me llevan a que no obtenga resultados positivos en algunas tareas docentes.

Bien, con esta reflexión quiero transmitir mi rechazo a los que se meten con los que estudian Magisterio, pero sí apoyar las críticas hacia la carrera en sí. Lo que aprendimos en la carrera sí fue valioso y nos sirve, pero simplemente fue insuficiente. A todos los que estudian Magisterio les animo a seguir formándose tras la carrera. Y que escojan esta bonita profesión aquellos a los que les apasione educar y les gusten los niños y, sobre todo, sepan conectar con ellos. Saber ganárselos y disfrutar junto a ellos, si no, tal vez tu nivel educativo sea otro.

Atentamente,

Rafael López Azuaga
Licenciado en Psicopedagogía